La Evolución suele mostrarnos los hechos muy lentamente. Porque la Evolución sabe perfectamente mucho mejor que nosotros mismos, cuan arrogante puede llegar a ser nuestra mente y todos nuestros pensamientos; cuan limitante resulta para nosotros esa tendencia egocéntrica que nuestra mente desarrolla.
Intelectualmente hablando, en términos evolutivos somos bastante torpes. Esto es, ineptos, inexpertos, ignorantes, incompetentes, desacertados, desatinados, equivocados, en definitiva, errados.
Y si esto no fuera así de cierto, ¿por qué prácticamente repetimos una y otra vez constantemente, las mismas dificultades como individuos, y como humanidad que somos?
La Evolución sabe muy bien que la mente humana necesita un proceso muy, muy lento de adaptación sociocultural. Una especie de ‘homeostasis’ que permite re-adaptarnos y alinearnos a ella, a la Evolución. Al encuentro de la coherencia evolutiva.
Pero todo ello siempre muy despacio, debido a la permanente Resistencia que ejercemos. El mayor problema de nuestra torpeza en términos evolutivos, es precisamente «la no-conciencia consciente» de ello. Que no debemos confundir con «la conciencia inconsciente», lo cual sería un grandísimo avance.
Quiero decir que, lo que importa no es si estoy despierto o dormido; sino si me entero de algo estando despierto, o dormido.
Pero yo tengo una posible respuesta a la pregunta anterior. Repetimos las mismas dificultades porque creemos en las mismas dificultades, y así es como creamos las mismas dificultades.
Sólo la Belleza y el Amor se abren a la Evolución sin Resistencia. Nadie se resiste a sentir lo inconmensurable, lo inabarcable, lo imponderable. Es como si tuvieran Luz propia. Probablemente porque la tienen.
Por eso las estrellas son tan hermosas.
© 2026 Roberto Arévalo López. Todos los derechos reservados.

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