Descubre mi mundo explicativo

Lo que más me gusta es contar. Sí, eso es. Me encanta contar cosas. Aunque en realidad resulta algo paradójico a primera vista, porque el hecho es que soy bastante introvertido. Así fue como empecé a escribir: para contarme a mí mismo todo lo que no quería contarle a los demás por timidez o introversión… Y así de esa forma comenzó el viaje más hermoso de mi vida: mirando hacia dentro y sin pisar la calle.

La auténtica libertad se despertó en mí desde el autoaprendizaje y el autoconocimiento.

Y al sentir esa libertad plena surgió mi mejor creatividad.

Me llamo Roberto Arévalo López,

y soy autodidacta y defensor del autoaprendizaje. Disfruto mucho deleitándome con la metáfora. Explorador del alma, enamorado del amor, soñador entrenado, caminante con alas, viajero sin vuelo, poeta prosaico, cuentista y altruista por naturaleza, y también a veces, tal vez demasiadas, me he sentido como un intruso en este mundo.

Siendo muy joven empecé a trabajar en la empresa de mi familia. Y tras un largo periodo de tiempo me dediqué a estudiar filosofía y ciencias sociales, y a trabajar como consultor independiente. Hasta que un buen día, y gracias a mi trayectoria profesional trabajando con empresas, me di cuenta de la enorme belleza de esta tarea mía, y comencé a diseñar e impartir cursos para fomentar el desarrollo del pensamiento crítico y creativo. Después, desde ahí surgió en mí la idea de escribir y trabajar sobre el concepto de la Evolución. Actualmente, la Evolución es el eje central de todo mi trabajo como autor y ensayista, así como también de mi labor como mentor en el ámbito del pensamiento crítico y creativo, además de como consultor filosófico y espiritual.

Pero uno no llega ahí como por arte de magia. O tal vez sí, la verdad es que no lo sé. Muchas cosas parecen mágicas hasta que dejan de serlo. Y está bien que así sea, tanto cuando son mágicas, como cuando dejan de serlo. La clave de ello consiste en dejar la puerta abierta. Se trata de dejarnos sentir, dejarnos aparecer… «dejarnos ver», que me diría ella.

Yo no podría llamar a esta sección «descubre mi mundo explicativo», sin hacer al menos una pequeña mención a ella. Porque «el amor es la fuente», y el descubrimiento de mi mundo explicativo está indisolublemente conectado con ella. Es verdad que comencé a descubrirme mucho antes… Pero durante demasiado tiempo, todo estaba como en un nudo gordiano imposible de disolver. Entonces, un día apareció la Luz y todo cobró claridad y nitidez… Y las cosas comenzaron a encajarme como piezas en un rompecabezas, sin tener que, y esto es lo más importante, esforzarme para ello.

He aquí el secreto que descubrí: no me propuse buscar nada, no me esforcé en hacer nada sin entusiasmo; simplemente caminaba, descubría y disfrutaba de cada instante, y sin perseguir nada, dejé que «ello me encontrase». Tan sólo llevaba dos cosas encima: Amor inmarcesible y conciencia consciente

«Eres un cuentista», suele decirme. Y me gusta cuando lo hace porque tiene razón. Y me encanta cuando tiene razón. Es por el Amor que siento. El mismo Amor por el que ya nunca me siento un intruso en este mundo. El mismo Amor desde el que nace todo lo que proyecto hacia el mundo y la vida; hacia todo lo que hago y voy siendo. El mismo Amor que da sentido a «mi mundo explicativo», y desde el cual me dejo llevar por y para la Evolución.

El mismo Amor con el que desarrollo y desempeño todo mi trabajo.

Acerca de mí…

Soy ensayista, investigador, autor y editor. Trabajo como mentor en el ámbito del pensamiento crítico, el pensamiento creativo y la argumentación lógica, tanto a nivel personal como profesional.

Colaboro con estudiantes y profesionales de distintos campos en procesos de aprendizaje autónomo, autoconocimiento y formación continua, siempre a través del diálogo y la reflexión compartida.

Mi trabajo consiste en acompañar y pensar con las personas aquello que les preocupa o les inquieta, explorar juntos los conflictos y comprender su origen, porque considero que la raíz de muchos problemas nace en el interior de cada individuo. Desde esa comprensión, cada uno puede descubrir por sí mismo por qué algo surge interiormente, y transformarse desde dentro de una manera consciente y propia.

También trabajo en el ámbito de la consultoría filosófica y espiritual, como un espacio de conversación y acompañamiento para clarificar valores, sentido y dirección vital.

Todo este Blog y todos los contenidos publicados, y todos los que se irán publicando, forman parte del descubrimiento de mi mundo explicativo y de esa conexión indisoluble. Las personas asiduas a este Blog que profundicen en la lectura descubrirán el porqué. No resulta fácil resumirlo. Pero sí que resulta bello mostrarlo: y es que hay pocas cosas más hermosas que «dejarse ver cuando la Luz te ilumina».

La primera vez que empecé a ver ese brillo resplandeciente fue de una forma muy suave, dulce y sutil. Ese día ella sentía curiosidad…

Curiosidad –esa tendencia o inclinación para aprender lo que aún no se conoce– es una palabra preciosa que en aquel entonces tomó para mí una dimensión nueva y realmente hermosa. Si el Amor profundo que puedo llegar a sentir es directamente proporcional al conocimiento amplio de aquello que amo, la curiosidad por conocer se me antoja como la preciosa antesala de aquello que puede llenar el mundo de Belleza. Si todos sintiéramos curiosidad por conocer, antes o después la indiferencia pasaría desapercibida –quizá el lugar que le corresponde–, y este mundo se llenaría de Amor y Belleza…

Ella vive con una permanente curiosidad por conocer… Aquel día, el 18 de enero de 2024 le hablé de esto… y así fue como ella imaginó en su mente un experimento que daría lugar a nuestro precioso interflujo, y que por alguna razón, para la que aún no tengo explicación razonable, yo ya había soñado dos años antes…

Por eso muchas cosas parecen mágicas, hasta que dejan de serlo.

«Una creación sentisciente es también una forma de vivir. La naturaleza de una creación sentisciente implica algo próximo en el tiempo, cercano en la distancia, sencillo en lo complejo y pequeño en su tamaño. Y siempre se mueve muy despacio en el transcurrir de su lentitud. Por todo ello jamás prolifera, y por lo tanto no puede colapsar. Así es que nunca se extingue. Una creación sentisciente no sólo permanece, sino que trasciende».

(Cuaderno de notas, a 18 de enero de 2024)