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La sesión

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(…)

Está bien, no es la primera vez que lo hago pero volveré a hacerlo. Os hablaré del sueño y de cómo llegué a él.

Aquel sueño tuvo lugar un viernes. Un viernes como otro cualquiera. Era el 17 de diciembre del año 2021.

(…)

Y allí estaba Ella, en el sueño. Una joven italiana a la que no conseguía reconocer, salvo por su preciosa melena de pelo oscuro y rizado…

Por supuesto yo jamás había visto a aquella joven del sueño. O eso era lo que pensaba. Me equivocaba.

Antes de aquel sueño, nos habíamos cruzado en una ocasión once meses atrás. Exactamente once, ni un día más, ni un día menos. El 16 de enero de ese mismo año.

Ese día cuando me crucé con Ella, y con toda su amabilidad, me dije para mis adentros: «qué chica tan linda, ojalá tuviese veinte años menos». Y no volví a pensarla en ningún momento desde aquel día hasta cuatro años más tarde. Desde entonces, no dejo de hacerlo ni un sólo día. Me gusta pensarla. Me encanta.

(…)

Muchos pensáis que la historia del Cuento Sentisciente es ficticia. Pues no: es mágica y totalmente real. Igual que ésta. Y muchos también pensáis que siempre cuento la historia completa. Pero tampoco es cierto; de una u otra forma, siempre acabo recordando detalles que antes había pasado por alto.

Había olvidado por completo los detalles de lo que sucedió aquella tarde. Como si mi memoria intuitiva supiera exactamente qué cosas necesito recordar, en el momento exacto en el que necesito recordarlas. Así pasaron cinco años más desde aquel 2021, y cuando llevaba un mes en Italia el recuerdo vino a buscarme…

Esto sucedió una tarde durante el verano de 2021 mientras redactaba el Cuento Sentisciente. Una tarde de aquellos once meses, que transcurrieron desde que me crucé con Ella por primera vez y soñé con Ella sin saber aún quién era.

Aquella tarde me habían ofrecido una sesión de Reiki a distancia. Era la primera vez para mí. Antes de eso ya me había dado otras veces sesiones de Reiki, pero nunca a distancia. Y teniendo en cuenta mi fascinación por el fenómeno del «entrelazamiento cuántico», la propuesta me pareció maravillosa y acepté encantado.

Durante la sesión, mientras estaba tumbado en la cama de mi cuarto sintiendo la energía vital universal del Reiki, tuve una visión acompañada de una paz inmensa.

En esa visión había dos imágenes que se solapaban, que convergían como en una secuencia.

La primera apareció lejos y se fue acercando lentamente hacia mí. Era la figura de un corazón dibujado que palpitaba, como incrustado en una pared de piedra antigua. Entonces aparecía la segunda imagen; el corazón palpitante se convertía en una llama; un fuego permanente que no se podía consumir. Una llama encendida de la que brotaba una luz especial. Y aunque no llegaba a entender por qué era especial, sí que podía sentirlo…

La sesión acabó; la energía se fue apagando, y la visión se desvaneció.

Y aunque mi memoria intuitiva quiso ocultarme los detalles durante cinco largos años, estuve varios días con una pregunta en mis pensamientos…

¿Qué podría significar aquello?

PEQUEÑOS FRAGMENTOS DE LA OBRA «SENTISCIENTES»

© 2026 Roberto Arévalo López. Todos los derechos reservados.

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