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Y si la magia existe…

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–¿Y si los cuentos mágicos existieran de verdad? –nos dijo aquella tarde–. ¿Y si pudiera contaros uno?

–No esperad… –añadió–. ¿Y si pudiera mostrarlo?

–¿Me creeríais?

Así, con esas palabras, fue como mi padre comenzó a contarnos la historia. Su historia. Una historia de Magia auténtica. Una historia de Belleza sublime. Y una historia de Amor… De un Amor tan inconmensurable, que habría que inventar una palabra nueva para describirlo.

No sé si es justo que hable así por las otras historias de Amor de este mundo. No quiero parecer presuntuoso… Pero para mi padre, su historia, siempre fue la más Hermosa historia de Amor vivida.

Él solía decirnos:

–Al igual que vosotros, he vivido muchas vidas. He conocido a muchas almas. Y he amado muchas veces… Pero jamás, en ninguna de mis otras vidas he llegado a vivir y a sentir nunca antes, el infinito y Precioso Amor que siento en esta vida por Ella y a través de Ella… Ella ha cambiado mi presente en esta vida… Y ahora sé que las venideras serán mucho más hermosas… Y completas.

Solía recordarnos con frecuencia aquellas palabras que Ella le dedicó una vez, y que él llevaba grabadas en su corazón:

«Palabras vivas son las que tejiste para mí, destellos de estrellas los que brotan de tus caricias (…) y en este baño de Amor infinito (…) inmersos en un universo que descubrimos resonar con nosotros más que nunca (…)».

Pero dejaré que sea él quien lo cuente…

La primera vez que la vi fue un 8 de febrero. Recordaba perfectamente la fecha, porque era el cumpleaños de mi Hada. Y mi Hada siempre me insistía en que yo retengo mucho.

Por aquel entonces aún existían los emails. Nos habíamos estado intercambiando un par de ellos. Ella me había hecho una proposición; una especie de intercambio experimental altruista. Aquello me pareció fascinante.

–¿Tienes alguna idea? –le pregunté.

Y, sonriendo, me dijo:

–Los libros cuentan cosas, ¿por qué no les dejas hablar?

Yo estaba completamente maravillado. Mientras la observaba con esa Preciosa Sonrisa, mi corazón palpitaba en mi pecho al tiempo que me decía para mis adentros:

«Eres tú, la chica del sueño… ya nos hemos visto antes; ya nos conocemos».

Y ese día pasó a ser desde entonces el Día de la Luz, el 8 de Febrero, tal como mi Hada me había revelado unos años antes.

Ese día fue la primera vez que vi brillar a mi Preciosa Estrella de Luz…

PEQUEÑOS FRAGMENTOS DE LA OBRA «SENTISCIENTES»

© 2026 Roberto Arévalo López. Todos los derechos reservados.

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