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De llantos y brujas

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Debió de suceder el día 27 de mayo, tal vez en aquel instante ya fuera día 28. Sé que era de noche. Sin embargo, no fue hasta el día 29 que lo anoté. Esa noche había estado llorando, y cuando acabé, escribí lo siguiente en mi diario personal:

29 de mayo de 2024. Anoche encontré los bocetos de un patrón con forma y aspecto de bruja. Tienen el tamaño propicio para una muñeca. Una muñeca-bruja. No sé qué es lo que iba a hacer con ellos. Creo que nunca tuvimos plenamente presente toda su capacidad creativa. Y después de todos estos años resultó que sí recordaba cómo hacer cosas sublimes. Cosas que le salían del alma. No recuerdo si extraje los cuadernos del armario el domingo o el lunes. Pero no importa. A fin de cuentas, ha pasado casi un año exacto y no me había dado cuenta de todo esto.

Según escribo estas líneas soy consciente de que si me hubiera planteado redactar este artículo con algún tipo de filtro, estaría faltando del todo al propósito del porqué estamos aquí y ahora, leyendo esto. Y es que escribir este artículo ha sido la inspiración que ha motivado mi intencionalidad para crear este sitio web.

Veamos…

Este mundo está repleto de llantos ―y estoy seguro que de brujas también―. A nadie se le escapa que este pequeño mundo anda a rebosar de llantos y lágrimas. Se vierten lágrimas en todas partes. Podemos encontrar llantos por doquier por casi todo lo imaginable… como cuando ganan los míos, o cuando pierden los tuyos; por el dolor que me causas, o por el daño que te hago; por aquellos que llegan, o por los que se van; por los gritos que se dan, y por los besos que pierden… Pero las lágrimas más horribles y feas de todas las que pueda haber, son las que se vierten porque yo estaba primero. ¡Pero qué cosa tan horrenda!

Pero no, yo aquella noche no lloraba por nada de todo esto. En absoluto. Lloraba por el Amor que sentimos. Sí, se puede llorar de Amor. Esas lágrimas que nacen de lo más profundo de la esencia de cada uno de nosotros cuando un hecho verdadero se revela ante tus ojos, y comprendes que lo que había estado sucediendo era exactamente lo que tenía que suceder por un bien mayor. Amor y Evolución.

Siete meses y medio

Ese fue el tiempo que mi padre tardó en acompañar a mi madre.

Antes de ese intervalo de tiempo, prácticamente cuatro años atrás, a mi madre le habían diagnosticado DCL (deterioro cognitivo leve). Una vez al año la acompañaba al hospital a realizar test psicométricos para evaluar su estado y la evolución del cuadro clínico. Durante los tres primeros años recibí de su doctora siempre la misma respuesta: «los datos nos dicen que su madre acabará por desarrollar demencia ―creo recordar que lo llamaban demencia fronto-temporal―, pero aún no estamos en esa fase». Después del último examen psicométrico, a finales de 2022, ya me advirtió que: «si el año próximo sigue igual tendremos que darle el alta, porque en cuatro años la demencia tendría que haber estado presente, sin embargo, su madre sigue como al principio y no podemos mantener las revisiones si no hay empeoramiento» ―aunque nunca llegaron a darle el alta clínica porque faltó tiempo―.

Un poco antes de hoy pero en otro lugar, y sobre este mismo asunto de mi madre y su DCL, yo ya había dejado escrito:

Estoy convencido ―a pesar de las muchas discrepancias que pueda obtener al respecto de este asunto―, que ese «no-desarrollo» se debe al «interflujo». Aunque éste es un tema que voy a dejar pendiente para más adelante. Para otro lugar y para otro momento.

Pues bien, este lugar y este momento resultan ideales para darle otro empujoncito a esto del «interflujo». Nacidos del patrón de una muñeca con forma y aspecto de bruja.

Había estado acompañando a mi madre durante esos cuatro años, y hubo momentos buenos y momentos malos; y algunos muy buenos, y otros, muy malos. Pero durante esos tiempos, a veces, y curiosamente cuando estábamos solos, yo le contaba la historia de un cuento. Un cuento que nació de mi puño y letra.

Pero no le hablaba del cuento para ayudarla a ella. No, no era eso. No me avergüenza reconocerlo. En aquellos momentos durante aquellas conversaciones, era yo quien necesitaba hablar de aquel cuento, porque era yo quien necesitaba «saber lo que sentía». Aunque creáis que sí, lo cierto es que no resulta nada fácil saber lo que se siente. Y mi madre me ayudaba sin saberlo; sin saberlo ella, y naturalmente, sin saberlo yo. Y lo hacía porque se sentaba a escuchar sin juzgar la historia del cuento. Un cuento que no estaba contando ninguna ficción, por muy variopintos que puedan resultar los personajes. Pero era un cuento en el que yo estaba volcando e impregnando toda mi esencia, toda mi alma, toda mi energía.

A quienes hayan leído el cuento no hace falta decirles que, si bien toda la historia rebosa Amor con mayúscula, Amor inmarcesible para todas y cada una de las criaturas mágicas que aparecen, el de la Bruja del Cuento es especialmente especial. Porque la Evolución es así. Y yo a mi madre le contaba la historia a retazos. Y supongo que ella así lo sintió también, aunque el hecho es que nunca llegó a leer el Cuento. Porque le faltó el tiempo. O tal vez no. Quien sabe.

La cosa es…

Y esta es la razón por la que estamos aquí, que durante todos estos años de deterioro cognitivo y test psicométricos, mi madre, que había sido una mujer con unas enormes habilidades manuales, había perdido completamente las ganas y la pasión por hacer y crear cosas, cosas nuevas que siempre le gustó hacer ―manualidades, costura, confección, cocina…―, y había desarrollado una apatía por la vida casi completa. Y esto para mí era sumamente frustrante y agotador. Sin embargo, a pesar de que sentía ganas de salir corriendo, me mantuve con ella. Hasta que un buen día se puso malita por otra razón que nada tenía que ver con esto, y se hubo de someter a una operación digestiva, y acabó falleciendo por una complicación posoperatoria…

Porque claro, naturalmente estas cosas forman parte del azar. Frutos de la casualidad.

Aunque bueno, aquellas personas que ya me conocen o conocen lo que hago y escribo, saben que en el fondo, yo creo que palabras como ‘azar’ y ‘casualidad’ sólo son formas de llamar a aquellos aspectos de la Evolución que no conseguimos entender «al nivel de detalle». Y esto es muy importante, porque de eso se trata. Por supuesto que entendemos las cosas que no podemos explicar, pero no llegamos al nivel de detalle. No sabemos describir el proceso. En otras palabras, no somos capaces de explicar el porqué. Y eso es todo.

Pero el porqué de las cosas no es tan importante como nos cuentan…

Aquella noche de mayo estuve llorando porque entendí ―sin llegar al nivel de detalle― que el «interflujo» realmente existe. Que durante años… ella y yo estuvimos propiciándonos mutuamente un intercambio de energía que a mí me ayudó a «saber lo que sentía», y a ella a demostrarse a sí misma que en realidad no la pasaba nada. Y esto su alma se lo volverá a mostrar cuando regrese. Porque todos regresamos en algún momento.

Y así fue que un día 29 de mayo de 2024, me senté a tomar notas en mi diario personal de lo que había descubierto un par de noches antes. Y llegué a la conclusión de que debía contar y mostrar este pequeño suceso, a quienes sientan interés por él.

Este sitio web se ha creado como tributo a ella, y a todas las lágrimas que nacen del Amor que sentimos, y por supuesto, a todas las Brujas buenas y bonitas de este mundo que mueven a la Evolución del alma.

Sea.

El concepto de «interflujo» hace referencia a toda la energía existente en permanente movimiento. Una coincidencia de cualquier naturaleza, no importa si nos resulta grata o molesta, e incluso si llegamos a sentir dolor o sufrimiento —aquí radica la importancia de la «no-intencionalidad»—, es siempre una ventana o rendija a la Evolución. Se produce con un encuentro o colisión —esto es indiferente—, y en ese instante la energía fluye en tantas direcciones como elementos hayan coincidido. En ocasiones, la energía mutará en forma de materia si así lo requiere el proceso evolutivo. Su funcionamiento consiste, en que cada elemento participante del encuentro o colisión, obtiene exactamente aquello que necesita para continuar el proceso de la Evolución. El «interflujo» nada tiene que ver con lo que se desea o se quiere. Tampoco es opcional, se trata de una «cesión inevitable».

Págs. 39-40, 203 Anotaciones (caóticas) de un soñador entrenado

© 2026 Roberto Arévalo López. Todos los derechos reservados.

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