seCCIÓN:

El viaje de un sueño

PUBLICADO

REVISADO

TIEMPO ESTIMADO DE LECTURA:

1.689 parole

7–11 minuti

Escribí y publiqué este artículo originalmente en español el 17 de diciembre de 2024. Lo hice deliberadamente en ese día, porque quería dejar constancia de la importancia que lo que aquí cuento tiene para mí. En realidad, quería dejar constancia para ella. Porque, en el fondo, lo que para mí es verdaderamente importante es lo que ella me ha traído. Y, sin embargo, nada de todo esto ha sido deliberado: he aquí su enorme Belleza con B mayúscula. Desde hace más de un año ilumina, sin saberlo, si no todo, la gran mayoría de las cosas que hago, escribo y publico aquí, y de todas aquellas que aún me quedan por hacer. Este es un humilde tributo para ella y para toda esa Luz Preciosa que guarda dentro.

A Isabella Ciampi

Esta historia comenzó como otras muchas historias comienzan. Me refiero a que no se sabe bien cuándo empieza, ni cómo, ni por supuesto el porqué. Pero es bonito que así sea. No hace muchos días antes de escribir esto, me veía reflejado a través de una bonita luz mientras me decía a mí mismo, que los detalles nunca son tan importantes como nos cuentan o nos hacen creer. Porque si bien es cierto que los detalles, sobre todo los más pequeños, esconden las mayores verdades, finalmente siempre acaban por revelarse solos. Así que pensé que el porqué no es tan importante. Sin embargo, yo creía que el para qué, el propósito que todos llevamos, sí que lo es. Pero el reflejo de la luz volvió a mostrarme que tampoco hace falta saber el destino, si es el Amor el que pilota durante el viaje.

Comencemos por algo que recuerdo

Fue una mañana soleada. Una de esas mañanas en las que los rayos de sol son tremendamente acogedores vayas por donde vayas paseando. Sientes que el calor te baña y una sensación de cómo el invierno se desvanece… Esto debió de ocurrir aproximadamente hacia mediados o finales de un mes de febrero… Febrero, el mes de la Luz. Aquella sensación cálida me animaba mientras caminaba a paso medio. Esto es, ni mucho ni poco. Un caminar sin prisa ni pausa. Y en esas, justamente, es cuando tuve una revelación.

Recuerdo perfectamente cómo pude conectar de forma inmediata, aquella revelación que se estaba abriendo ante mis ojos, como disipándose de una inmensa niebla, con aquel sueño tan extraño que había tenido una noche poco antes del amanecer, de un par de meses atrás.

Por si alguien se lo pregunta, tengo muy clara la cronología de todo este suceso, y de todos los que me suceden, porque acostumbro desde hace ya varios años a guardar registros de todo lo que me acontece. O al menos, de lo que estoy seguro que voy a necesitar más adelante. Porque hace ya algunos años que estas cosas me suceden de forma recurrente. Y hace años que lo anoto todo.

Esta revelación vino a buscarme una mañana soleada del mes de febrero del año 2022, y resulta un hecho altamente curioso. Ese año, el 2022, se encuentra prácticamente vacío en mi cuaderno de notas. O sea, que apenas hay anotaciones porque apenas si hubo sucesos que registrar. Una especie de lapso en el tiempo y el espacio. Así fue hasta el mes de octubre. Casi todo ese año lo pasé inmerso en la investigación, la escritura y la reflexión sobre el tema del que trata todo este asunto, el que realmente nos atañe: la Evolución.

Un sueño de un par de meses atrás

Creo que casi siempre empieza así. Si lo pienso detenidamente se me eriza la piel. El primer sueño que tuve me condujo hasta el siguiente. Y así sucesivamente uno tras otro, hasta que un buen día otro sueño me hizo escribir un Cuento. Y ello provocó la necesidad de inventar una palabra para crear una nueva realidad, «sentisciente». Sin embargo, hubo un sueño entremedias de los demás del que casi nunca hablo, pero que me mantuvo escribiendo «mi cuaderno azul» ―así es como yo lo llamo cariñosamente― durante casi todo el año 2022. Un extraño sueño que por alguna razón maravillosamente mágica, ha recobrado toda su fuerza y relevancia en los últimos meses.

17 de diciembre de 2021

Sucedió un viernes, 17 de diciembre del año 2021. Un día como otro cualquiera, al menos para mí. Aunque sobre esto hay una anécdota curiosa. Y es que cierto día leí en algún sitio que no recuerdo cuál, que «el viernes 17» resulta ser un día de mala suerte o mal augurio en la cultura y la tradición italiana. La verdad es que no estoy totalmente seguro, no he llegado a comprobarlo. Que me perdonen en Italia si no es así. El hecho es que a mí me sucedió exactamente al contrario.

Ese viernes 17 de diciembre desperté de un sueño. Era temprano, alrededor de un par de horas antes del amanecer. No fue un sueño normal. Hace años, antes de que empezaran los sueños para mí, si hubiese escrito algo así habría pasado un buen rato pensando para mis adentros, si realmente estoy seguro de lo que me pasó. Pero por fortuna, ya hace mucho que mis sueños son recurrentes, y no necesito revisarme en absoluto.

Como digo, no era un sueño normal y corriente. Mis lectores ya saben perfectamente de qué estoy hablando, porque los he descrito en numerosas ocasiones. A mí me gusta llamarlos, sueños conscientes. O más cariñosamente, sueños mágicos. Pero este sueño era extrañamente diferente. Había estado soñando en una lengua que yo no hablaba, y sobre la que no tenía ninguna relación hasta ese día. Ninguna relación que yo pueda recordar conscientemente, por supuesto. En realidad no es algo tan raro ni tan aislado. Existen muchísimos casos similares de personas con sueños en lenguas que no hablan, e incluso casos más extraños ―según mi criterio, todo son reminiscencias―. Pero la cosa es que a mí nunca me había pasado. Había soñado en italiano con una persona completamente desconocida. Al despertarme, anoté todas las cosas que había vivido, la fecha, la hora, y tal como siempre hago, las preguntas que esos sueños me inducen.

Y ese extraño sueño provocó preguntas que me hicieron replantearme muy seriamente casi todo lo que había estado haciendo en mi vida hasta ese día. Y aquellas preguntas se quedaron ahí, latentes.

Sin embargo, debo confesar según escribo estas líneas, que hace ahora algunos meses transcribí mis notas de aquella mañana del 17 de diciembre de 2021 a una carta. Una carta que naturalmente es más extensa que las propias notas, pero que contiene los detalles del sueño. Y es una carta de inspiración. ―Inspiración… una vez escribí precisamente en el citado «cuaderno azul», que no existe auténtica inspiración sin enamoramiento… y el hecho es que uno puede llegar a enamorarse de casi todo en esta vida, algunas veces incluso de cosas totalmente imaginarias, pero eso no importa en absoluto; lo que realmente importa es el sentimiento que nos mueve―. Luego cogí la carta y la metí en un sobre, y lo puse todo junto a mis dos criaturas recientes. Todo ello a modo de obsequio y regalo. Un regalo de agradecimiento por aquel sueño de aquella mañana, y por la inspiración que ha venido después y que se mantiene conmigo. Después lo guardé todo en una vieja cartera marrón, y lo envié de viaje hasta su destino.

Y no volveré a hablar más de este sueño porque ya existe una carta.

Eso fue sólo el principio

Siempre lo es. Un sueño no es más que un mensaje. Habrá quien discrepe conmigo, pero yo estoy convencido de que son mensajes de arriba. Y que solo sirven para inducir el movimiento el alma. Pero ha de moverla uno mismo. La magia tiene sus límites. Aquella mañana soleada del mes de febrero de 2022, estaba teniendo una revelación mientras paseaba bajo un cálido sol casi primaveral. En ese instante un enorme regocijo se apoderó de mi corazón, y pude sentirme vibrar de entusiasmo desde lo más hondo de mi ser. Estaba literalmente en estado ‘sentisciente’.

Dos almas preciosas ―mi Hada y mi Bruja― pasaron por mi mente de forma fugaz, como si pudiera hablar con ellas dos y contarles lo que estaba sintiendo. Entonces me paré y comencé a tomar notas de audio en el teléfono, que sonaban así:

Si empiezas a escribir por ese camino, Roberto, te acabarán cocinando a fuego lento. Pero es que hay un error. Aunque no se trata de que falle el sistema… Bueno esto también… creer en ello es algo tan obvio y tan ingenuo a la vez. No, no no. Es más bien como un error antropológico. Sí, eso es. Parece algo confuso. Es algo confuso, y lo sigue siendo, como si hubiera una densa niebla delante. Pero es la dichosa pirámide. Está mal. Tiene un fallo enorme… Todo esto es muy sutil. O tal vez sea yo el que quiere verlo así. No estoy del todo seguro. Siempre me pasa lo mismo…

Días más tarde, empecé a darle vueltas a las notas que había ido juntando. Eran papeles sueltos por todas partes. Y fui a comprar un cuaderno. Era azul. Por nada en especial. Pedí un cuaderno y me dieron uno de color azul. Me pareció bien porque no tenía ninguno de ese color. Y entonces comencé a escribir en ese cuaderno basándome en las notas que había estado acumulando durante semanas ―notas escritas y notas grabadas―. Y justo a continuación de la transcripción de aquel audio de aquella mañana soleada del mes de febrero, escribí en mi cuaderno azul:

Un mundo en el que la conciencia fuera suficiente para regir el orden de la Evolución sería un mundo de Vida divina.

Y así fue como comencé a desarrollar y escribir «El Proceso de EVA»… ¿Quién iba a pensar que aquel extraño sueño regresaría con forma humana a buscarme, para que continuase mi trabajo sobre la Evolución?

Un quaderno blu aperto con le parole 'Evolucion', 'Vida' e 'Amor' scritte in modo luminoso.

(*) «El Proceso de EVA», hace referencia a un acrónimo que yo mismo ideé en 2022 como título de la obra. Significa «Evolución de la Vida a través del Amor ― E.V.A.». Tanto el acrónimo como su descripción ilustran e identifican el tema que se aborda en la obra-ensayo.

© 2026 Roberto Arévalo López. Todos los derechos reservados.

Condividi la tua opinione – Comparte tu opinión

Questo sito utilizza Akismet per ridurre lo spam. Scopri come vengono elaborati i dati derivati dai commenti.


Guía de navegación

Explora este tema

Consulta las secciones del Blog por temas (italiano – español – english)

Seguir el Blog

Si deseas recibir los nuevos textos a medida que se publiquen, puedes suscribirte por correo.